NO necesitas recibir
más correos

Seamos sinceros.


Ya tienes suficientes notificaciones, promociones, avisos de carritos abandonados y marcas desesperadas por venderte algo.


No necesitas otra newsletter que prometa cambiarte la vida.


Por eso no voy a decirte que estos correos son imprescindibles, que descubrirás un universo de posibilidades o que tu vida como lector será diferente.


Nada de eso.


Voy a hacer algo más sencillo.


Te voy a dejar un correo que envié hace un tiempo.


Si te anima a suscribirte no lo sé, pero al menos habrás leído algo interesante y no habrás tenido que entregar tu correo a cambio.


Me parece un trato bastante justo.

Acá va:

«Otra historia de librería»


Hace un tiempo estaba mirando libros en mi librería de siempre cuando llegó a mi lado una pareja que tuvo una de las discusiones más divertidas que he escuchado nunca.

100% real.

Y además, hay varias lecciones de vida.

Verás.

Ella decía…

A todo esto, todo en un tono casi de murmullo.


—Me operé por mí, no para gustarte a ti ni a ningún otro.

Oh (el oh es mío).


Entonces el tipo respondió…


—No me webees. No te lo crees ni tú.

—Pues es la verdad, lo hice para sentirme bien conmigo misma.

—O sea, que te metes en un quirófano… —baja aún más la voz— para ponerte tetas y me dices que no es para gustar a los demás, que solo es para gustarte a ti. Sí, seguro.

—Pues es verdad, lo hago para gustarme a mí.

Y se van caminando a un stand que está casi al frente de donde estoy y él me mira de reojo, desconfiado.

—Sí, claro. Entonces, si te dijeran que a partir de ahora todo el mundo va con chaquetas cinco tallas más grandes y no se puede ver qué hay debajo ni cuando vas a la cama, ¿te habrías operado? ¿Te habrías metido en un quirófano para sentirte bien? ¿Si nadie pudiera verlo?

En ese momento de la discusión pensé que la tenía acorralada, que el argumento de la chaqueta cinco tallas mayor podría ser definitivo, pero ella decidió morir matando.

—¿Y tú?

—¿Y yo qué?

Mientras ambos tomaban libros al azar, mirando las portadas y contraportadas.

—Te compraste ese auto descapotable y está guardado en la casa porque ni para echarle bencina tienes.

—¿Y eso qué tiene que ver?

—¿Qué tiene que ver? Ahora eres tú el que me está weviando. Eso sí que es querer aparentar y no poder. Por lo menos mis tetas van conmigo, pero tu auto está ahí, en el patio, llenándose de polvo y sin poder ocuparlo.

—Mejor cambiemos de tema.

Ahí dejaron de discutir y se fueron a la sección infantil.

Y era una pena, porque el nivel era altísimo.

A ver, lecciones…

La primera: si alguien tiene una librería y llegan parejas así al lado tuyo, pago entrada solo por escuchar esas discusiones.

La principal:

Una cosa es lo que uno dice.

Otra cosa es lo que uno piensa.

Y otra muy distinta, lo que uno hace.


¿Coinciden?

Alguna vez, pero normalmente, no.

Hay que escuchar mucho a la gente, pero no para creerse todo lo que dicen, claro.

¿Compramos autos para presumir?

¿Nos operamos para gustar?

Da igual. La discusión es inútil. No importa la confesión pública.

Importa el pensamiento privado. El real, el primitivo. Y lo que se hace con ese pensamiento privado. Dónde nos lleva.

A ver.

Uno puede decir que le gusta leer, que disfruta descubriendo historias y que le encanta recibir recomendaciones. Pero después tienes 25 publicaciones guardadas sin volver a ver, 47 correos sin abrir y ni siquiera recuerdas a qué newsletter te suscribiste.

No te juzgo. Yo tampoco abriría un correo solo porque alguien me diga que tiene cosas interesantes para contarme.

Por eso pensé que sería mejor compartirte uno antes de pedirte nada. Este es el tipo de cosas que envío a mis suscriptores.

Hablo de libros, sí, pero en realidad hablo de la vida y de las historias que ocurren en ella.

Supongo que te gustan las historias como a mí, si no, no estarías aquí.

Por si no te habías dado cuenta, la vida siempre encuentra la manera de recomendarte un libro. Solo hay que saber dónde mirar.

De lunes a viernes te cuento dónde estoy mirando.

Pero primero debes dejar tu correo ahí abajo y confirmar tu suscripción. Es gratis. Si te aburres, puedes darte de baja cuando quieras. Eso también es gratis.